Concebida la educación permanente como un marco
globalizador constituido por el aprendizaje formal, no formal e informal, que
aspira a la adquisición de conocimientos para alcanzar el máximo desarrollo de
la personalidad y de las destrezas profesionales en las diferentes etapas de la
vida, veamos ahora como repercute la educación permanente en la educación
superior contemporánea.
La educación superior, y la Universidad como parte de
ella, debe ser capaz, como lo ha señalado Henri Janne, de llevar a cabo la
permanencia de la educación a su nivel. Y advierte: “La necesidad es tan
urgente que si la Universidad fallara en esta nueva misión surgirían sustitutos
funcionales para hacer lo que ella no habría sido capaz”.
La masificación por un lado, y la introducción del
concepto de educación permanente, representan los dos acontecimientos llamados
a modificar la imagen de la educación superior en lo que falta del siglo XX.
Hoy, como lo ha hecho ver la Asociación Internacional de Uníversidades, es
imposible toda discusión sobre las innovaciones en la educación superior sin tener
en cuenta la educación permanente.
En los países avanzados comienzan a estudiarse con todo
detenimiento y cuidado las consecuencias que para la educación superior tiene
la aceptación del concepto de educación permanente. Se examinan así sus
repercusiones en términos del cambio que experimentará la población de las
universidades, con un creciente porcentaje de gente madura en sus aulas. Las
modificaciones estructurales académicas y administrativas que supondrá el
diseño de nuevos currículos compatibles con el uso cada vez mayor de sistemas
basados en el autoaprendizaje; sus efectos en el trabajo del personal docente,
en los calendarios académicos y en las labores de investigación; sus
consecuencias para las facilidades docentes de las universidades (uso de
bibliotecas, laboratorios, salas de conferencias, etc.) y para la planta física
en general, etc.
Se repite con frecuencia, que las universidades nada
podrán hacer frente a estas nuevas responsabilidades, si no echan mano de la
moderna tecnología educativa, de modo especial de los métodos de la educación a
distancia. Pero también se argumenta que no es conveniente que toda la educación
permanente sea “a distancia”. La presencia en la universidad de esta población
adulta y madura, con toda su experiencia vital, puede ser un valioso
ingrediente enriquecedor de la vida universitaria que no debe desaprovecharse.



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